Por qué Edward Bach dejó la medicina convencional
Imaginate a un médico con una consulta exitosa en Londres, buena fama y dinero, que de un día para otro lo deja casi todo para irse al campo a buscar flores. Suena raro, ¿no? Y sin embargo, eso fue exactamente lo que hizo Edward Bach en 1930. Acá te contamos qué lo llevó a tomar una decisión tan radical.
Un éxito que no le alcanzaba
Para 1930, Bach tenía todo lo que un médico de la época podía desear. Su consulta en Londres funcionaba muy bien, sus nosodes intestinales eran respetados y su nombre tenía peso en el ambiente. Pero por dentro sentía que algo faltaba. No estaba conforme con tratar síntomas y enfermedades sin llegar al fondo de lo que las generaba.
Esa insatisfacción no era capricho. Era la consecuencia lógica de años observando que las personas se enfermaban de maneras muy ligadas a su carácter y a sus emociones.
La convicción de que sanar es algo más
Bach había llegado a una conclusión que lo cambió todo: para él, la enfermedad nacía del conflicto entre el alma (nuestro propósito profundo) y la personalidad (cómo vivimos el día a día). Cuando ese conflicto se sostenía en el tiempo, aparecía la enfermedad física. Por lo tanto, sanar las emociones era el verdadero camino para recuperar la armonía.
Con esa idea en la cabeza, seguir recetando como hasta entonces ya no tenía sentido para él. Necesitaba un sistema nuevo, distinto.
Un método simple y al alcance de todos
Otra cosa lo movilizaba fuerte: quería que su método fuera simple, tan simple que cualquier persona pudiera usarlo sin necesidad de ser médico ni experto. La medicina de su época le parecía cada vez más compleja y alejada de la gente común. Bach soñaba con lo contrario: remedios naturales, accesibles y fáciles de elegir según lo que uno sentía.
Las flores silvestres encajaban perfecto con esa visión. Eran gratis, estaban en la naturaleza y, según él, guardaban la capacidad de armonizar estados emocionales.
El salto al vacío de 1930
Así fue que en 1930 cerró su consulta de Londres, dejó atrás la seguridad económica y se fue a buscar remedios a la naturaleza. Primero a Gales, después recorriendo el campo inglés. Las primeras esencias que encontró fueron Impatiens, Mimulus y Clematis, las semillas de lo que terminaría siendo el sistema completo de 38 flores de Bach.
Fue, sin dudas, un salto al vacío. Pero para él no era una pérdida, sino el comienzo de lo que realmente había venido a hacer.
P: ¿En qué año dejó Edward Bach la medicina?
R: En 1930 cerró su próspera consulta de Londres para dedicarse a buscar remedios florales en la naturaleza.
P: ¿Le iba mal en su carrera?
R: Para nada. Tenía éxito y buena fama, pero sentía que la medicina convencional no llegaba a la raíz emocional de las enfermedades.
P: ¿Qué buscaba con las flores?
R: Un sistema simple, natural y accesible que cualquier persona pudiera usar para armonizar sus emociones.


